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Investigadores suizos crearon un insecto masculino modificado que se siente atraído indiferentemente por varones o hembras, en el marco de una experiencia que podría explicar los comportamientos homosexuales.

En estado salvaje, las moscas drosófilas (moscas de la fruta) masculinas cortejan muy poco a sus pares masculinos, pero los investigadores introdujeron un gen modificado que “refuerza el comportamiento homosexual reduciendo la tasa de glutamato en el exterior de las neuronas que determinan el comportamiento homosexual”, explicó a la AFP Yael Grosjean, investigador de la Universidad de Lausana, en Suiza.

Como los investigadores no actuaron sobre otro grupo de neuronas que determinaban el comportamiento heterosexual, las moscas que fueron objeto de la experiencia “cortejaban a varones y a hembras sin distinción”.

“La investigación mostró así mutantes masculinos reunidos en ronda enamorados unos de los otros”, indicó Grosjean.

“Este efecto es obtenido tanto por modificación genética como farmacológicamente”, según el científico.

“El fenómeno es reversible, lo que sugiere que la homosexualidad no es fijada de una vez por todas”, indicó el científico, para quien la experiencia abre “una nueva manera de considerar los mecanismos moleculares y celulares que orientan la elección de la pareja sexual”.

“Se puede prever que existen mecanismos similares para otras especies, en los mamíferos, y por qué no en el hombre”, según el investigador de Lausana.

“La presencia de este grupo de neuronas que determinan un comportamiento homosexual explica que el comportamiento homosexual se detecte en todas las especies”, indicó Grosjean.

“Como el comportamiento homosexual potencialmente presente en estas neuronas no se expresa en todos los individuos, este grupo de neuronas pudo transmitirse a pesar de su carácter contraproducente desde el punto de vista de la perpetuación de la especie”, explicó.

“Sin embargo, el carácter heterosexual es favorecido por la evolución y la homosexualidad en general solo es latente”, añadió.

La experiencia, en la que participaron además investigadores de la Universidad francesa de Borgoña (Centro nacional de investigación científica de Dijon) y de la Universidad estadounidense de Illinois, en Chicago, será objeto de un artículo publicado en la revista Nature Neuroscience.

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