Mientras en Guatemala el embajador de Suiza condena el lamentable papel que jugó su país como cómplice por omisión en el holocausto, y luego de que la banca de esa nación fuera forzada a retornar los bienes que guardaba en sus bóvedas, propiedad de judíos asesinados por los nazis, un partido político da la espalda a la historia y apela al racismo latente de los suizos, para triunfar en las elecciones del 21 de octubre.
En esta oportunidad, tal como sucedió hace algunos años en la vecina Austria, es un integrante de la coalición de Gobierno el grupo que se ha lanzado contra los inmigrantes, el Partido del Pueblo Suizo –SVP–. Con un afiche en el cual una oveja blanca separa de un empellón a una oveja negra del rebaño, integrado a su vez exclusivamente por tres ovejas blancas, se lee el lema “para crear seguridad”. Déle un espión al afiche en la página web del SVP: http://www.svp.ch/.
La ilustración utilizada juega con la connotación común de una oveja negra como transgresora, la cual asegura el SVP es el sentido principal que quiere darle a su mensaje, pero a la vez, como sucede en nuestro país con la idea de la “mano dura” y el autoritarismo, alude también a otros significados como el racismo. A la campaña, según reporta The New York Times, iba amarrado también un corto titulado “paraíso o infierno”, en el que se mostraba el contraste entre inmigrantes desempleados, fachudos, de piel oscura, musulmanes en su mayoría, y al pujante espíritu de suizos de tez clara, en trajes elegantes, o con batas de un blanco inmaculado, dirigiéndose a trabajar o haciendo investigación en las más famosas compañías suizas. Por supuesto, el SVP promete un paraíso donde las ovejas negras no afearán ni harán peligroso el bello paisaje en el que se desenvuelven las ovejas blancas.
Ya de por sí, como sucede en otros países europeos, en particular los de ascendencia germana, que se aferran al ius sanguini, es difícil para los extranjeros acceder a la nacionalidad. A pesar de que los inmigrantes realizan todos los trabajos que los “nativos” ya no consideran dignos de ellos, no por eso se les desprecia y se les margina. El SVP desea cerrar el país y evitar que sigan entrando extranjeros que aumentan los índices de delincuencia. Al SVP le ayuda en sus argumentos xenofóbicos y racistas el hecho de que más del 70 por ciento de internos en centros penitenciarios suizos son extranjeros. Pero opera en su contra el hecho de que uno de cada cuatro integrantes de la fuerza laboral es de una nacionalidad distinta a la suiza. El SVP es experto en hacer emerger el racismo latente: hace algunos años logró frustrar una iniciativa para hacer más expedito el proceso de nacionalización. ¿Y saben cómo lo logró? ¡Mostrando manos morenas empuñando pasaportes suizos!
No quiere decir, por supuesto, que todos los suizos compartan el sentido de esos mensajes. Pero de plano, como les sucede a muchos de nuestros compatriotas con lemas que refuerzan sus simpatías autoritarias, el hecho de que el SVP sea un partido fuerte evidencia que la Confederación Helvética continúa siendo un campo fértil para el racismo.
Fuente: El periodico de Guatemala

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