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Estos “gusanos de hierba” son en realidad larvas de polilla que, habiendo nacido bajo tierra, son capturados por un hongo que los momifica y se nutre de ellos para conseguir salir a la superficie a expandir sus esporas. El proceso, según la cultura popular tibetana, escenifica el ciclo vital: “yarsa gunbu”, es decir, “hierba en verano, gusano en invierno”.

Y es que el proceso se inicia en invierno, cuando las esporas del hongo se posan sobre el gusano y comienzan a consumir su cuerpo, matándolo poco a poco. Finalmente, a través de él logra salir a la superficie en primavera y lanzar nuevas esporas.

Es tan popular su cacería, según recoge la oficina tibetana en Nueva York, los niños tienen vacaciones escolares especiales para recolectarlos, los funcionarios se ausentan de sus trabajos y hasta las escenas de violencia son cada vez más frecuentes en busca de tan preciado gusano.

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